Una política de no intervención del Estado, el laiseer faire, dejar hacer dejar pasar, que tiene su origen en el liberalismo, sería el mecanismo perfecto del mercado.
Un mercado que funcionara de manera tal, que nunca tuviera cantidad sobrante y por lo tanto nunca paro permanente. Pero cuando vienen las crisis económicas este “dejar pasar” promulgado por los neoclásicos no es lo más adecuado.
El desempleo masivo que las crisis económicas provocan en los países, conlleva a la intervención estatal, que puede en primera instancia, generar empleo, mediante obras públicas u otras actividades.
El Estado debe intervenir para que haya un adecuado funcionamiento del mercado, porque este por sí solo, no soluciona los problemas del desempleo y la desigualdad en la economía.
En estos casos la intervención del Estado está dotada mayormente por la política fiscal aplicada, o sea los impuestos a pagar por la ciudadanía.
El ingreso que genere el Estado de estos impuestos será el que luego vuelque en el gasto público, es decir en protección laboral, sistema de salud, o pago de seguro por desempleo a los trabajadores. En una forma lógica el resultado es: a menor recaudación menor protección y a la inversa.
La informalidad laboral es el refugio de los excluidos del sector formal, cuando abunda el desempleo, y el acceso al sector formal de la economía es el privilegio de unos pocos, el trabajo informal, es lo que salva de la indigencia a quiénes se encuentran en situaciones de extrema pobreza.
La pobreza, la desigualdad y la exclusión social en la que viven muchos trabajadores en la región de América Latina, y en general de los países subdesarrollados, pone en evidencia que la informalidad laboral que los caracteriza, viene de la mano de la pobreza que los acompaña.

La pobreza, la desigualdad y la exclusión social en la que viven muchos trabajadores en la región de América Latina, y en general de los países subdesarrollados, pone en evidencia que la informalidad laboral que los caracteriza.Getty.
El combate a la informalidad, es el camino hacia la inclusión social, y la Educación Fiscal es la clave de ese camino. Enseñar a ver a las personas, desde los primeros años de estudio, la importancia de pagar impuestos, y cómo éstos se traducen en un salario indirecto, en los beneficios que otorga el Estado, es esencial para reducir la informalidad y la exclusión que esta genera.
Es esto lo que los ciudadanos deberían valorar a la hora de optar por pagar los impuestos o no pagarlos. Un dinero que será volcado en ellos mismos. Claro que aquí entra la valoración hecha de forma individual de cuánto es realmente la ganancia.
Se valora si realmente el servicio que se brinda en cuánto a salud o seguro laboral está en sintonía con el aporte realizado, o si por el contrario existe una pérdida de dinero que se queda en el camino, entre la mala distribución del ingreso hecha por los gobiernos y la corrupción que hay en determinados sectores de éstos.