Madrid.-Ni el cansancio tras una noche en vela ni la imposibilidad de comulgar, al haber estropeado la tormenta de la noche anterior las hostias destinadas al sacramento, desanimaron hoy al más del millón de jóvenes que quisieron clausurar junto a Benedicto XVI la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en el aeródromo madrileño de Cuatro Vientos.
“¡Ésta es la juventud del Papa!”. Cuando el pontífice alemán, de 84 años, apareció en el Papamóvil poco después de las 9 de la mañana, el grito tan escuchado en los últimos días por todo Madrid volvió a sonar muy fuerte en el aeródromo más antiguo de España, en el suroeste de la capital española.
La mañana había amanecido soleada y ya se advertía que el calor no daría tregua, pese a que la temperatura bajó un poco después de la tormenta.
“Yo jamás había visto tanta gente junta, con tanta devoción”, decía una de las voluntarias de la JMJ que se había encargado de repartir antes el desayuno entre los peregrinos que abarrotaban una superficie equivalente a 48 campos de fútbol.
Antes de la llegada del Papa, las caras eran de sueño y de cansancio. Para unos, dormir no había sido fácil después de la tormenta. Otros pasaron la noche en vela rezando. Y otros, charlando con nuevos amigos hechos durante la JMJ, que arrancó el pasado martes. “Hay noches en las que es imposible dormir, porque no puedes perderte nada de lo que pasa en cada minuto”, decía una peregrina.
Convocatoria increíble
Las previsiones de los organizadores se vieron desbordadas y ante la mayor afluencia de fieles que querían estar con el Papa antes de su partida, la JMJ tuvo que ampliar el espacio en el aerodrómo para acoger a 200.000 peregrinos más, que la noche anterior no pudieron acceder a la vigilia de oración con Benedicto XVI.
En ese mismo aeródromo de Cuatro Vientos, Juan Pablo II, impulsor de la JMJ, se reunió con la juventud española en su última visita a España, en 2003. Dos años antes de su muerte, 600.000 jóvenes acudieron a la cita con el Papa polaco en la base aérea.
Agrupados en parcelas de una hectárea, los fieles aclamaron esta mañana a Joseph Ratzinger y agitaron banderas de todo el mundo: España, el Vaticano, México, Argentina... La explanada era un mar multicolor cuando Benedicto XVI recorría los viales, con las ventanillas del Papamóvil bajadas y sin dejar de saludar a los jóvenes y los no tan jóvenes allí congregados.
La algarabía se convirtió en silencio cuando el Papa subió al macroescenario, de 200 metros de largo y 22 de alto, en el que también se situaron los reyes Juan Carlos y Sofía y otras autoridades para seguir la misa.
“He pensado en vosotros desde anoche hasta esta mañana”, dijo el Papa a la juventud allí congregada. Y todos los esfuerzos y avatares de la noche quedaron olvidados.