El dolor ser inmigrante en los lugares donde nos rechazan
Andrés
Gómez Polanco

Quito Ecuador.-El desconsuelo interminable de toda una familia
se respiraba en el ambiente; las lagrimas de un adiós lleno
de incredulidad y acompañado de un vuelve pronto utópico
son parte de la escena de la pobreza, de la falta de oportunidades
en nuestra tierra, de la desesperanza, del abandono y la inequidad;
esos sentimientos fueron y siguen siendo lamentablemente el precio
de un porvenir digno para millones de ecuatorianos.

Desde hace ya 10 años todas esas sensaciones
de impotencia y desesperación ante la cruel y honesta realidad
pasean por mi pensamiento buscando una solución que jamás
se la encontrara en el individualismo sino en la unidad y reposan
en el alma única bóveda del corazón.
Once de mis familiares aproximadamente entre primos,
primas, tíos y tías son refugiados en España
e Inglaterra no por intereses políticos pero utilizo el termino
refugiados por la persecución interminable de la miseria,
de la falta de trabajo, de la corrupción que los obligo ha
autoexiliarse de su propia patria.
Patria a la que sustentan y mantienen a flote gracias
al sudor que sus manos desparraman día a día producto
del trabajo admirable que realizan fuera de su hogar porque aquí
no se las da la oportunidad de hacerlo; hacen patria lejos de su
patria para que en el futuro los suyos puedan hacerla dentro de
sus fronteras.
Este es el gran monopolio sentimental y vivencial
de la gran mayoría de los ecuatorianos que dentro o fuera
de las fronteras lucha y sueña cada amanecer con una nueva
realidad a través de la acción reflejada en el trabajo
tan escaso en estos días y mediante el corazón representado
por la llama de la esperanza todavía inagotable.
Todo lo antes escrito sin creerme el dueño
de la verdad son los resultados de años y años de
peleas, abandonos, inequidades, injusticias, corrupciones guiados
por los intereses mezquinos del grupillo de turno en el poder pero
especialmente de los fundamentalismos con su principal arma la intolerancia
que no entienden que ECUADOR es uno y debemos luchar por ese todo
porque los verdaderos cambios justos no admiten discriminaciones
de ninguna clase.
Estas ideas y sentimientos van dedicados a todos
aquellos ecuatorianos que lejos o cerca intentan cada segundo cambiar
un presente que nos quiere condenar; hacia un futuro de desarrollo
y justicia esos ecuatorianos son los realmente imprescindibles.
“Los jóvenes no somos el futuro sino el presente; pero
ese presente requiere de oportunidades”
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